Son dulces mis días
al verte llegar;
hermosa y altiva,
con gracia al andar.
Tus ojos,
¡Caramba!
Bendita adicción,
que tiene sumiso mi gran corazón.
Tu risa,
me exalta
cual cosa divina,
posee los rasgos cual musa explosiva.
Perdido me siento
al verte llegar
con ese cabello
que anhelo tocar…
Tu voz delicada,
de mágico timbre.
Sin tanto escucharla me vuelves sensible.
Donaire, tan bello,
Que irradias ¡Mujer!
Y yo cual plebeyo me rindo ante usted.
Tan seria y ladina;
de tierno mirar,
son dulces mis días
al verte llegar…
Luis Toctaquiza Ch - FACSO
Universidad Estatal de Guayaquil
Martes, 11 de Agosto/09