¡Qué mujer! ¡Lindo suspiro!
¡Gran pecado capital!
Me trasladas al delirio
hasta hacerme suspirar.
Tu mirada muy coqueta
me delata tu hermosura,
¡Qué decir de tu belleza
que me lleva a la locura!
Pero ¡Qué labios más bellos!
Tan ardientes, voluptuosos,
que me dejan tan perplejo
con sabor a labios rojos.
Tu cadera cautivante,
exotérica y sensual;
a los hombres nos conduce
al gran éxtasis total
Eres tu, reina preciosa,
la causante de mi mal.
Y a la vez eres la cura
de esta extraña enfermedad.
¡Por favor! mujer preciosa
ya no me hagas sufrir más.
Mi delirante locura,
tú la curarás
Autor: Luis Eduardo Toctaquiza Ch.
Sexto "Echo" Vespertino
Guayaquil, 3 de Noviembre 2006
LICEO NAVAL